sábado, 20 de marzo de 2010

Arde

Ardía con fuerza el fuego sobre nuestras cabezas, arrasando con todo aquello con lo que se encontraba, mientras abrasaba nuestros rostros con su calor.
-No mires arriba
Dijiste oprimiendo mi rostro con fuerza contra tu pecho mientras envolvias mi cuerpo con tus brazos.
Y sentí que no solo era aquello lo que ardía; también había un fuego en mi interior, una llama imposible de apagar, encendida en mi corazón.


martes, 23 de febrero de 2010

The end.

La besó.
La beso mil veces; en la cara, en el cuello, en la mano....
Ahora lo único que quedaba de ella era un cuerpo inerte, pálido e inchado. Su dulce mirada había perdido el poder enigmático que poseía y su pelo ya no desprendía ese olor a rosas que le caracterizaba.
Unas gotas salpicaron su triste rostro. ¿Llovía? No, eran las lágrimas del hombre que siempre la había amado.
Sostenía su mano y agitaba su cuerpo continua y delicadamente.

-¡Resiste! Se que puedes hacerlo. Por ti, por mi...

Con una venda envuelta en la mano, presionaba la herida de su pecho, lleno de sangre.
Se encontraban solos, tumbados sobre las frías calles iluminadas por el resplandor de la luna.

-Se está enfriando...-Dijo con un hilo de voz.

Rápidamente, se quitó su abrigo y con él la envolvió, acurrucándola entre sus brazos.
Sabía que su destino estaba marcado, pero aún así no desistió. Él nunca se había rendido por nada, su corazón estaba repleto de esperanza.
Posó sus manos sobre su pecho. El corazón de ella había dejado de latir.
Beso su frente, cerró sus ojos, y tapó su rostro con el abrigo con el que la había envuelto.
Y, arrodillado sobre el asfalto, con el puño apuntando al cielo y los ojos medio llorosos, gritó con voz vengativa:

-Oh, destino cruel, que te aprovechas de la gente. ¿Por que te la llevas a ella, siendo un ser tan inocente? Y si esta es tu venganza, por alguno de mis pecados, arrebátame la vida ami, que soy el que los ha causado, pero apiádate de ella, y déjala marchar, pues no es más que un ser que jamás tuvo maldad.

Las nubes que le rodeaban de pronto se ennegrecieron y empezó a llover con fuerza, pero él continuó allí; inmóvil. No tenía ningún motivo para irse, pues todas sus ganas de vivir se acababan de marchar esa misma noche; junto a ella.

jueves, 21 de enero de 2010

Discusión.

Gritó; y su voz fría y aguda se clavó en mis tímpanos cual si fueran agujas.
Aún recuerdo su mirada de odio, sus horribles palabras que jamás pensé que llegarían a salir de esos viejos labios marcados por el paso del tiempo. También recuerdo como, sin mirar hacia atrás ni vacilar un solo momento, corrí escaleras arriba, me encerré en mi habitación, y hundí mi cara contra la almohada antes de que mis lágrimas empezaran a brotar; antes de que alguien pudiera verlas. Y ahí pasé la noche; llorando y gritando de dolor, de rabia, hasta que mis parpados se dieron por vencidos y cayeron haciéndome adentrar en un profundo sueño.
Desperté envuelta en sudor y con los ojos apenas abiertos mientras los rayos de sol entraban con fuerza por mi ventana inundándolo todo de luz. La cabeza me pesaba y mis ojos seguían rojos e hinchados, puesto que pasé la noche llorando hasta quedarme sin fuerzas ni lágrimas. Me quedé un rato tumbada en la cama, y mientras observaba ensimismada el techo, empecé a pensar en la discusión que había tenido lugar la noche anterior. Me llevé las manos a la cara para apartarme el cabello; aún temblaban recordando sus gritos.
Continué echada sobre la cama hasta que reuní las fuerzas suficientes para levantarme y enfrentarme a ella cara a cara.
Bajé lentamente las escaleras, con toda precaución posible y vacilando en cada paso. Los escalones se habían acabado, llegaba la hora de la verdad. Me dispuse a entrar en el salón para dar los buenos días, pero allí no encontré a nadie. Rebusqué por todos los rincones de mi casa y no encontré ni un alma, grité y tan solo me respondió mi eco.
No entendía nada, todos habían… desaparecido.
Me senté en el sofá, apoyé mi cabeza cuidadosamente contra el respaldo y medité sobre la situación. Desde ahí, fui observando cada rincón de mi casa, hasta que mis ojos fueron a parar a una pequeña hoja de papel con unas letras impresas en ella, tirada junto a una de las patas de la mesa.
-Se habrá volado cuando he abierto repentinamente la puerta- pensé.
Me agaché lentamente, agarré la hoja de papel arrugándola en mi mano, volví a recostarme cómodamente sobre el sofá y leí lo que ponía:

Hemos salido, estaremos fuera todo el día. Tu comida está en el microondas. Un beso. Te quiere: tu madre.

Guardé silencio durante unos instantes; no acababa de comprender lo que ponía.
¿Y los gritos de anoche? ¿Y su mirada enfurecida? ¿Y todas las palabras que me gritó?; ¿Acaso se había olvidado ya de todo aquello?
Miré mi reloj: eran casi las 3 de la tarde y mis tripas empezaban a reclamar alimento. Calenté mi comida, puse la mesa para mi sola y empecé a comer en silencio mientras pensaba:
-Quizás olvidar y hacer como si no hubiese pasado nada sea lo mejor.
Y a pesar de cree que todo se solucionaría, ambas sabíamos que se volvería a repetir.

Nunca aprenderemos la lección.

lunes, 18 de enero de 2010

Your don't cry for me

Lloro, grito, y mi llanto se lo traga el viento.
Huí; huí de todo y todos, ahora ya nadie me encontrará, nadie volverá a pronunciar mi nombre, porque he desaparecido para siempre.
Me fui sin avisar, por no preocupar a nadie. ¡No lloréis por mi! Nadie a de llorar por mi, yo decidí mi destino, y es este; fundirme con la oscuridad de mi corazón.
Hoy mis penas son las únicas que me acompañarán en la fría noche, no quiero más compañía que mi agonía, mi viejo corazón y una inmensa soledad.
No lloréis por mi; esto es lo mejor para todos. Vosotros seguiréis viviendo vuestras vida, yo seguiré desperdiciando la mía, envuelta en agonía, sin volveros a preocupar.
No penséis en mi, ¡no!, no vale la pena, ahora solo me tenéis que olvidar.
Soy el culpable de vuestros problemas, pero este será el último que os cree, porque no me vereis más.
Abrí una pequeña caja de madera, y desenfundé mi vieja pistola. No pensé que llegaría el momento de usarla, pero este es el final.
Las lágrimas encharcan mis ojos, mi corazón realentiza sus latidos; mi dedo aprieta el gatillo.
Los labios me saben a pólvora, el corazón me dejó de latir, y con esto acaba mi historia. Siento haberos causado tantos problemas.
Ya solo recordad que os quiero, y que siempre os llevaré en el corazón, aunque este haya dejado de sentir.
Pero, por favor; no lloréis por mi.


http://www.youtube.com/watch?v=zRIbf6JqkNc



domingo, 20 de diciembre de 2009

De Carlos Guillot Ortizá

Camino sola, y algo cansada, mi alma, no repara en descansos, trato de olvidar, lo que un día, me hizo recordar sensaciones, expulsadas de mi alma, que por miedo a herirme, rechazé, alejé, y marginé de mi vida, pero llegastes, tu..., y ahora, huyo, de ti, no quiero dañar mas mi corazón, roto, y dolido corazón, una farola, ilumina una parte del camino..., descansaré solo un poco, no podrá alcanzarme, le saco bastante ventaja, mis parpadeos, cada vez, son mas y mas lentos, mientras que de fondo, oigo una dulce voz...
Muerte, ¿eres tu?, pregunto con el corazón en la mano, a lo lejos de la calle, consigo distinguir, una sombra, humana, o, almenos, lo aparenta, la dulce melodía, probiene de su boca, las sombras, se hacen mas y mas espesas, tengo miedo, y de fondo, tu cara, aparece, si dudar, ¿que haces aquí?, ¿porqué me has seguido?, no me respondes ¿eh?, ¿te crees alguien ignorandome?, cuando alzaste la mirada, tras la capucha conseguí ver, la reluciente sonrisa, y los ojos color fuego, de alguien, ¿de que me suenan a mi esas facciones?
Es como si ya las hubiese visto antes, derrepente, un suspiro, frío, y desalentador, me hace recordar quien es, la muerte, vestida de ti...
Trato de huir como puedo, pero es mas veloz que yo, entre una risa maligna, y una mirada de reojo, consigo ver su guadaña, abalanzandose como un rayo ante mi, y cuando su hoja tocó mi cuello, caí al suelo, y todo fue oscuridad...
Abrí los ojos asustada, pero, no, no estaba muerta, solo fue una pesadilla, pero se, que aun, puedo sentir, el aliento frío y dealentador de la muerte en mi cara, la he mirado mas de una vez a la cara, pero siempre he salido con vida, y las dos sabemos, que, aun me queda mucho por vivir, no me voy a desesperar, por una maldita pesadilla, ahora, seguiré huyendo, corriendo, hacia ningún lugar, tratando de esquibar, todo, lo que un día me hizo feliz, todo lo que un día me hizo tener, el sueño de una chica, que se quedó dormida ante la única farola del lugar...
Aquella farola, donde la muerte me consiguió sonreír, cara, a cara...
Yo soy aquella chica, que aun aguarda la muerte sentada en ese lugar...





Carlos Guillot 20/12/2009

lunes, 14 de diciembre de 2009

Ohne dich.



Me diste un siempre,
y ese siempre se convirtió en un frío adiós.
Me diste un sonrisa,
que hoy no es mas que una triste lágrima.
Me diste un beso,
que ahora no es mas que un borroso recuerdo.
Te di mi corazón,
y ahora no es mas que ceniza.

Cada sensación,
cada recuerdo,
cada palabra de amor que tú me diste,
la guarde bajo mi pecho,
en lo más ondo de mi corazón.
Hoy no es mas que ceniza,
ceniza del pasado.

Soltaste mi mano,
para siempre,
y desde entonces olvidé lo que era la felicidad.
lo que era el amor,
y el sonido de dos corazones latiendo al mismo tiempo.

Me escuece.
Me escuece tu recuerdo,
tu mirada,
tus abrazos,
tus palabras.

Me duele.
Me duele el corazón,
de tanto amarte,
de tanto sufrir.

Lloro.
Saco el dolor de mi frío corazón;
roto,
gastado,
aplastado.

Y de todo esto no solo me llevé dolor
también una valiosa lección;
no ames nunca
por te causará dolor,
y el dolor será tu única recompensa.



The love killed me

domingo, 6 de diciembre de 2009

Injusticia

Para él, ella era como el mundo; mejor dicho, era su mundo. Hizo todo lo que pudo, dio todo lo que tenía para hacerla feliz. La quiso todo lo que una persona puede querer a otra, o incluso más, hasta el día que acabó arrepintiéndose por todo ello.
Y, mientras llora para expulsar todo el dolor que le invade, ella seguirá rompiendo corazones cual si fueran pompas de jabón, y así seguirá hasta que se dé cuenta de todo lo que perdió.

No hay nada mas injusto que; que el mas grande amante haya querido a quien no sabe amar.